… han pasado * años desde aquel verano …

Los encontré vaciando el trastero, apilados en la pared, los restos de aquel verano en que intenté “ser artista”, ahora vuelven a colgar de las paredes de casa, sin saber si lo merecen o no.

Hace casi veinte años brotó en mí una repentina inquietud creadora, tan repentina como breve. Empecemos contando que comencé la carrera siendo de quienes ante un cuadro de Kandinsky dicen “bah, cuatro manchones“, creo que fue Javier Maderuelo, quien me ayudó por primera vez a mirar el arte, no solo el contemporáneo.

Después Luis Mingo, con quien aprendí sobre vanguardias, abstracción y me ayudó a soltarme, a perder parte del miedo a suspender y a creerme lo que hacía, aquel curso salieron cosas que aun aprecio.

Aquel verano fue el último que estuve más de dos semanas seguidas en casa de mis padres, mucho ocio y mucha tele, un especial David Lynch, con Cabeza Borradora, Carretera Perdida, ¡Blue Velvet! y un documental donde contaba su lado de “pintor”, en el que cualquier elemento le servía, dejar un pedazo de carne descomponiéndose, o sus hijos diciendo que en un hormiguero no veían una posible plaga, sino como material para una próxima obra.

Y sobre todo Life Lessons, Apuntes del Natural, el capítulo de Historias de Nueva York protagonizado por Nick Nolte. Verle en ese loft pintando con violencia, sin aparente control, con la música a todo volumen. Es una maravilla de película y contagiosa al máximo.

No tengo ninguna formación técnica y debía utilizarlo a mi favor, materiales pobres, titanlux, cartón, brochas y cualquier cosa que hubiese en casa, sal, papeles, hojas, … “arte povera a mi manera”.

Conservo cuatro cuadros de aquella, y un pequeño retrato que regalé y supongo que aun existe.  En Sín Título I trataba de plasmar energía, violencia, de manera abstracta aunque probablemente identifiquéis qué imagen lo inspira. La verdad es que es el que más disfruté, en el que más hice de Nick Nolte, el propio cuadro era la paleta, capa sobre capa, añadiendo cualquier material que pudiera darme una nueva textura…

La segunda se llamó Naturaleza Muerta, algo naïf, blandita, aun así sobrevive pero por los pelos, intenta representar, literalmente naturaleza muerta,…

Otra idea que intenté trabajar era contraponer orden y naturaleza, buscando situaciones en que elementos regulares, como una cuadrícula, se rompía. En esa línea este cuadro que a mí de verdad me gusta, donde una urdimbre de cordones horizontales rompen la trama vertical de pintura cayendo por gravedad.

Un curso más tarde, en el que hice alguna pintura que integraba en los proyectos o maquetas, llegó otro verano y un certamen artístico al que decidí acudir con una obra que condensase toda mi carrera artística (je), el juego con las retículas, las texturas, el trasladar violencia y energía al cuadro y la experimentación con técnicas para quien no sabe nada de técnica.

A partir de una malla metálica hice una base deformable,  sobre ella una trama regular de más de mil puntas. Formado el lienzo, había que violentarlo, colores, ramas, hojas, le prendí fuego, volví a pintar y no sé cuántas cosas más mientras sonaba la música.

El resultado fue bastante decepcionante, no por el concurso por supuesto, sino por tantas horas de curro para algo tan escaso de tensión, donde quizás solo el proceso tenía interés.

Aquel curso fue duro, luego comencé a trabajar, hipotecas y demás y no he vuelto a pintar, sospecho que la vocación no era poderosa en este padawan. Pero me gusta recordarlo, a falta de mili, mis batallitas propias.

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